Desde su infancia, Alan se sintió atraído por los oficios antiguos, el trabajo tradicional y la atmósfera de épocas pasadas.
Le interesaban las cosas creadas con las manos y quería aprender por sí mismo muchas habilidades diferentes.

Con el tiempo, se dedicó a la carpintería, la costura, la cocina, la pintura, la escultura, el tiro con arco y otras artes prácticas.
Pero durante mucho tiempo le faltó un oficio: la herrería.

Cuando finalmente encontró un viejo yunque y una fragua manual, comenzó para él un nuevo capítulo.
Aprendió por su cuenta a trabajar el metal, cometió errores, se quemó algunas veces y estropeó algunos de sus primeros proyectos.

Aun así, se entusiasmó de inmediato, porque este oficio le abrió nuevas posibilidades creativas.
Ahora podía fabricar herramientas, mangos, cuchillos e incluso objetos especiales para su compañera, Anne.
Anne descubrió casi al mismo tiempo su pasión por la apicultura.

Se unió a una asociación local de apicultores y comenzó una formación en el programa Oregon Master Beekeeper.
Con la ayuda de apicultores experimentados, aprendió a cuidar colmenas, revisar panales de miel y comprender las necesidades de una colonia de abejas.

Su primera colmena fue construida con muchas piezas separadas de madera, que ambos montaron y pintaron juntos.
Poco después, Anne fue a recoger su primera colonia de abejas y regresó a casa con miles de abejas dentro del coche.
Mientras Alan trabajaba junto al fuego en su fragua, Anne cuidaba de sus abejas afuera, en el jardín.
Ambos encontraron en sus oficios no solo trabajo, sino también alegría, calma y una forma intensa de expresar su personalidad.
Junto con la herrería y la apicultura, nació en ellos el deseo de construir su propia tiny house.
Querían gastar menos dinero en alquiler, vivir de manera más independiente y tener más libertad para viajar.
Una casa grande les parecía poco práctica, especialmente si querían pasar mucho tiempo en movimiento.
En cambio, una pequeña casa sobre ruedas encajaba perfectamente con su sueño de un hogar simple, flexible y libre de deudas.
Al principio buscaron planos de construcción adecuados, pero no encontraron nada que realmente coincidiera con sus ideas.
Por eso Alan decidió diseñar la casa él mismo.
Con Google SketchUp crearon un modelo digital y lo modificaron durante meses hasta que todo quedó bien planificado.
Después de que un amigo arquitecto revisara el diseño, pudieron comenzar la construcción.
Su remolque fue fabricado especialmente y se convirtió en la base de la pequeña casa.
Cuando lo recogieron en Halloween de 2014, el sueño empezó de pronto a sentirse real.
En primavera llegó la primera madera y comenzaron los trabajos.
Sin embargo, el clima del noroeste del Pacífico les causó muchos problemas, porque la lluvia interrumpía la construcción una y otra vez.
Varias veces tuvieron que cubrir rápidamente la casa con lonas para mantener la madera seca.
Durante el verano apareció otro desafío, ya que Alan estaba desarrollando al mismo tiempo su negocio de herrería, Santiam Forge.
Vendía sus piezas forjadas a mano en un mercado y por eso tenía muy poco tiempo libre para la casa.
Aun así, aprovecharon cada día disponible para seguir construyendo.
Al final del verano, la estructura, el techo, las ventanas y el exterior ya estaban terminados.
Después pudieron por fin empezar a trabajar en el interior.
La planificación eléctrica fue especialmente estresante para Alan, porque cada enchufe y cada lámpara tenían que pensarse con mucho cuidado.
Después de muchos agujeros perforados, muchos cables y un taladro roto, la instalación eléctrica principal quedó finalmente terminada.
Luego les esperaban la fontanería, el aislamiento y los bonitos detalles del interior.
Lo que más les ilusionaba eran los detalles únicos de hierro forjado que darían a su hogar un toque personal.
Para Alan y Anne, su tiny house es mucho más que una simple construcción pequeña.
Une su amor por la artesanía, su deseo de libertad y su sueño de una vida más consciente.
La herrería, la apicultura y la construcción les muestran una y otra vez cuánta alegría puede haber en el trabajo creativo.
Su camino demuestra que una casa más pequeña a menudo puede dejar espacio para sueños más grandes.







