ACTO HEROICO: Perdí mi rostro mientras salvaba a una mujer después de que un automóvil chocara contra un poste eléctrico.

ACTO HEROICO: Perdí mi rostro mientras salvaba a una mujer después de que un automóvil chocara contra un poste eléctrico.

Aquella noche lo cambió todo.

Lo que comenzó como un viaje ordinario en automóvil se convirtió, en cuestión de segundos, en una escena sacada de una pesadilla.

El metal chirrió, las chispas volaron y un automóvil se estrelló violentamente contra un poste eléctrico.

Pero mientras muchas personas se habrían quedado paralizadas por el pánico, Mitch Hunter tomó una decisión que cambiaría su vida para siempre.

No dudó.

Cuando vio que una joven había salido despedida del vehículo tras el impacto y había sido alcanzada por un cable eléctrico de alta tensión que había caído al suelo, Mitch actuó por instinto.

Sin pensar en sí mismo, corrió directamente hacia el peligro, entrando en una red mortal de 10.000 voltios.

Con sus últimas fuerzas, empujó a la mujer fuera de la zona de peligro.

En ese preciso momento, el circuito eléctrico se cerró.

Lo que ocurrió después es casi imposible de imaginar: una enorme descarga eléctrica atravesó su cuerpo, pasando por su rostro, sus manos y su pierna.

Fueron minutos que parecieron una eternidad.

Minutos durante los cuales su cuerpo ardía mientras él perdía el conocimiento.

Cuando Mitch despertó en el hospital, nada volvió a ser igual.

Su rostro, aquello que antes lo identificaba, era apenas reconocible.

Las quemaduras eran tan graves que, posteriormente, los médicos tuvieron que amputarle la pierna por debajo de la rodilla.

Pasó varias semanas en coma y meses hospitalizado, atrapado entre la vida y la muerte.

Pero la verdadera batalla apenas acababa de comenzar.

Durante los años siguientes, Mitch se sometió a una cantidad increíble de operaciones: 67 procedimientos y más de 20 injertos de piel.

Cada uno de ellos representaba un paso de regreso a la vida, pero también un doloroso camino lleno de dudas, esperanza y una fuerza inimaginable.

Entonces, una década después, llegó la decisión que lo cambiaría todo.

Mitch decidió hacer lo impensable: someterse a un trasplante completo de rostro.

La operación duró más de 14 horas.

Más de 30 cirujanos trabajaron simultáneamente para darle no solamente un nuevo rostro, sino también una parte de su identidad, con nariz, párpados, músculos e incluso vello facial.

Cuando se miró en el espejo después de la operación, no vio solamente un rostro nuevo.

Vio una segunda oportunidad.

Hoy, Mitch es padre de tres hijos.

Y ellos fueron su mayor motivación para seguir adelante.

«No quería que mis hijos sufrieran por mi apariencia», dijo en una ocasión.

«Quería que estuvieran orgullosos de mí y que no tuvieran miedo de cómo podrían reaccionar los demás».

Antes, las reacciones de las personas eran crueles: gritos, conmoción y gente que apartaba la mirada.

Pero hoy todo es diferente.

Hoy existe admiración.

¿Y quizás la parte más sorprendente de todas?

La barba que Mitch lleva actualmente, símbolo de su regreso a la vida, perteneció en otro tiempo a su donante.

Es un detalle que todavía le parece surrealista.

A pesar de todo el dolor y de todas las pérdidas, Mitch afirma que volvería a hacerlo.

Porque aquella noche salvó una vida, aunque hacerlo le costara su propio rostro.