Los calambres son contracciones musculares repentinas y dolorosas que pueden despertar a una persona en medio del sueño.
Con mayor frecuencia aparecen en los músculos de las pantorrillas, los pies o los dedos de los pies.

A primera vista, este problema parece común e inofensivo, pero si los calambres se repiten con frecuencia, el cuerpo puede estar enviando una señal de sobrecarga, trastornos de la circulación sanguínea o falta de sustancias importantes.
Aunque cualquier persona puede sufrir espasmos, existen grupos de personas en los que el riesgo es mucho mayor.
Comprender las causas ayuda a prestar atención al problema a tiempo y a reducir la probabilidad de que los calambres se repitan.
Personas mayores.
Con la edad, los músculos se vuelven menos elásticos y se recuperan peor después del esfuerzo.
Los impulsos nerviosos también pueden transmitirse más lentamente, por lo que los músculos a veces reaccionan con un espasmo brusco.
Además, en las personas mayores la circulación sanguínea en las piernas suele volverse más débil.
Precisamente por eso las pantorrillas y los pies pueden acalambrarse con más frecuencia por la noche, cuando el cuerpo está en reposo.
Si los calambres aparecen con regularidad, especialmente junto con hinchazón, entumecimiento o dolor al caminar, es mejor no posponer la consulta con un médico.
Personas que practican deporte activamente.
Los entrenamientos intensos también pueden convertirse en una causa de calambres.
Después de una fuerte carga física, los músculos se cansan, y junto con el sudor el cuerpo pierde líquidos y electrolitos.
Si después del entrenamiento una persona bebe poca agua, no hace estiramientos y no permite que el cuerpo se recupere, aumenta el riesgo de un espasmo doloroso.
Esto ocurre especialmente a menudo en quienes corren mucho, hacen ejercicios de fuerza o entrenan durante mucho tiempo sin descanso.
Estos calambres no siempre significan una enfermedad grave, pero muestran que los músculos necesitan más recuperación.
Personas con un estilo de vida sedentario.
Los calambres pueden aparecer no solo en deportistas, sino también en quienes se mueven poco.
Estar sentado mucho tiempo frente al ordenador, trabajar en una oficina o permanecer muchas horas de pie en un mismo lugar empeora el flujo sanguíneo en las piernas.
Los músculos se tensan, y por la tarde y por la noche pueden contraerse dolorosamente.
Si durante el día casi no hay movimiento, estiramientos ni paseos, las piernas se cansan más rápido incluso sin una carga importante.
A veces basta con añadir más actividad, pausas cortas y un calentamiento ligero para reducir la frecuencia de los espasmos.
Personas con enfermedades crónicas.
Algunas enfermedades pueden aumentar el riesgo de calambres nocturnos.
Entre ellas se encuentran la diabetes mellitus, las enfermedades vasculares, los trastornos de la circulación, las enfermedades renales y los problemas de la glándula tiroides.
Los calambres también pueden estar relacionados con alteraciones del funcionamiento de los nervios, cuando los músculos reciben señales incorrectas.
En estos casos, los espasmos no deben percibirse solo como una molestia temporal.
Pueden ser una señal de que el cuerpo necesita diagnóstico y un tratamiento adecuado.
Personas que toman algunos medicamentos.
A veces los calambres aparecen después de comenzar a tomar determinados medicamentos.
Por ejemplo, los diuréticos pueden eliminar más líquido del cuerpo e influir en el equilibrio de minerales.
Algunos medicamentos para la presión arterial, el colesterol, el asma o los preparados hormonales también pueden ir acompañados de espasmos musculares.
Si los calambres comenzaron después de un medicamento nuevo, no conviene suspender el medicamento por cuenta propia.
Es mejor hablarlo con un médico para que evalúe la situación y, si es necesario, elija otra opción.

Qué es importante recordar.
Un calambre poco frecuente después de un esfuerzo o de una postura incómoda normalmente no causa gran preocupación.
Pero si las piernas se acalambran con frecuencia, el dolor se vuelve intenso, aparece hinchazón, entumecimiento, enrojecimiento o los calambres impiden dormir, hay que acudir a un especialista.
El cuerpo a menudo nos advierte con antelación.
Lo principal es no ignorar estas señales y cuidar a tiempo la salud de las piernas.







