Las fotografías son impresionantes.
La búsqueda de un cuerpo perfecto a veces se convierte en una carrera mortal.

La obsesión por una delgadez extrema puede destruir incluso la vida de una joven sana.
La historia de Valeria Levitina es un terrible ejemplo de ello: durante casi 20 años intentó superar la anorexia, pero la enfermedad resultó ser más fuerte.

Valeria nació en Moscú en 1973, en el seno de una familia acomodada.
Era una niña con mucho talento: aprendió a leer a una edad temprana, escribía poemas y tocaba el piano.
Sus padres estaban orgullosos de su apariencia: Lera era inteligente, atractiva y tenía muchos admiradores.

A principios de la década de 1990, la familia se mudó a Estados Unidos.
Para la joven, cambiar de país fue una prueba muy difícil.

Su autoestima cayó drásticamente: con una estatura de 171 cm, pesaba alrededor de 63 kg y se consideraba «gordita».
Las burlas de sus compañeros de clase solo aumentaron el miedo que sentía hacia su propio cuerpo.
Incluso su madre apoyó la idea de que adelgazara, insistiendo en que debía deshacerse del «peso de más».
Todo comenzó de una manera bastante inocente: contando calorías y renunciando a los dulces.
Pero, poco a poco, Valeria eliminó de su alimentación casi todos los carbohidratos.
Adelgazó rápidamente: en tan solo unos meses, su peso bajó hasta los 45 kg.
En aquella etapa, su delgadez le trajo su primer éxito: entró en el mundo del modelaje e incluso ganó el título de «Miss Chicago».
Pero no podía detenerse.
La enfermedad la consumió por completo.
Valeria se debilitaba cada vez más, se cansaba con el más mínimo movimiento y era incapaz de levantar una bolsa o atarse los cordones de los zapatos.
A los 24 años pesaba tan solo 37 kg, y los médicos le diagnosticaron anorexia.
Su familia intentó ayudarla, pero la enfermedad ya había destruido su cuerpo y su mente.
Lera llegó a ser conocida como «la mujer más delgada del planeta», pero aquella fama fue como una sentencia de muerte.
En 2010 se mudó a Mónaco con la esperanza de que el clima templado la ayudara a recuperarse.
En las redes sociales advertía a las jóvenes sobre el peligro mortal de adelgazar de manera extrema.
Pero muchas no la escuchaban y le pedían que compartiera sus «secretos» para perder peso rápidamente.
Valeria respondía: «No quiero enseñar a la gente a morir».
Su estado de salud empeoró rápidamente.
Su cuerpo quedó completamente debilitado, su peso descendió hasta los críticos 25 kilogramos —55 libras— y su sistema digestivo dejó de funcionar.
La enfermedad no le dejó ninguna posibilidad.
El 1 de diciembre de 2013, Valeria Levitina murió.
Tenía tan solo 39 años.
Su tragedia se convirtió en un duro recordatorio de que el culto a la delgadez puede destruir lenta e imperceptiblemente a una persona, y de que, en ocasiones, la lucha contra los «defectos» se transforma en una lucha por la vida.







