Un abuelo de 86 años fue hospitalizado debido a una enfermedad.
En el centro médico, cerca de la unidad donde el anciano estaba siendo tratado, había una maternidad, y el señor Ed solía ver a los bebés salir del hospital.

Por eso, se le ocurrió la idea de hacer algo útil para los recién nacidos. Ed decidió aprender a tejer para hacer gorros para bebés.
Pero necesitaba a alguien que le enseñara ese oficio. Por suerte, la hija del abuelo sabía tejer y el hombre recurrió a ella.
Resultó que Ed era un buen alumno y aprendió a tejer rápidamente.
El amable abuelo comenzó a tejer gorros de distintos colores para los bebés de la maternidad.

Para el primer gorro tardó casi tres horas, pero después, tejer uno le llevaba muy poco tiempo.
Poco a poco, Ed perfeccionó su arte y empezó a enviar sus coloridas creaciones a la maternidad.
Pero eso no era todo. El hombre formó un grupo con otros jubilados que también sabían tejer, y juntos comenzaron a crear colores para los dulces bebés.
Los padres de los recién nacidos estaban muy agradecidos por este gesto de generosidad y amor.
Hoy en día, Ed podía tejer hasta 30 gorros al día, y decidió no rendirse y seguir trabajando mientras pudiera.







